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ACEPTOMás información

DANA RAZ – Entrevista – Danza Contemporánea

Fotografía de Daria Popova

 

Bailarina, Coreógrafa e Instructora israelí formada en Kibbutz Contemporany Dance Company

 

 

 

“El bailarín debe ser consciente de su propia identidad artística para contribuir a la coreografía desde ella. Esa consciencia la irá adquiriendo a base de auto reconocimiento y exploración. Debe estudiar la conexión entre su cuerpo y mente, y cómo asimila el material que se le ofrece. Puede haber bailarines que técnicamente claven un material coreográfico, pero lo sublime suele asociarse a los destellos de alma”. Es la distancia entre “perfecto” y, además, “especial”.

 

 

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Acaba de llegar de actuar con éxito en el VI Festival Internacional de Danza Contemporánea ‘Point’ de la localidad rusa de Omsk con su coreografía Golem. Asentada en Oviedo es la directora y coreógrafa de la compañía Dana Raz Dance Projects.  Durante su formación en la KCDC  es una de las bailarinas principales, colabora con la creación coreográfica de 7 obras y enseña como instructora. Actúa con la compañía en más de 20 países y culmina su biografía ganando el premio “Yair Shapira” en 2012 por su contribución a la Danza en Israel.

Como profesora de danza contemporánea imparte workshops por escuelas  y universidades de danza en  Israel, Estados Unidos, Rusia, Malta, España, Italia, Francia, Alemania,…

Fotografía de Daria Popova

 

1 – En la escena mundial de la danza contemporánea son varias las compañías israelíes que destacan como innovadoras: Batsheva, Vértigo,  Inbal Pinto and Avshalom Pollak, Kamea y … Kibbutz Contemporary Dance  Company como una de sus líderes. Cada una con sus características y lenguajes propios, ¿qué diferencia a KCDC del resto de compañías, cuál  crees que sería su sello personal?

Es difícil contestar a esa pregunta porque todas ellas son grandes compañías, pero ciertamente mi conocimiento más directo es el Kibbutz, pues ahí desarrollé gran parte de mi carrera profesional. Lo primero que destacaría es la historia tan increíble de la propia compañía, fundada por Yehudit Arnon, una mujer judía que se hizo la promesa a sí misma de consagrar su vida a la danza si sobrevivía al holocausto, como así fue. En el programa de enseñanza que además crea en paralelo, el Sadna, participa un joven y talentoso bailarín llamado Rami Be’er que, con el tiempo, se convierte en director artístico, cargo que desempeña actualmente. El Kibbutz es hoy esa historia y también la mirada tan personal de Rami. A mi juicio, un genio de esta disciplina que imprime use carácter especial en todo lo que crea y también a los propios bailarines. Yo me siento una privilegiada de haber compartido tantos años a su lado y de poder seguir gozando de una buena relación profesional. El Kibbutz no se puede disociar actualmente de la figura de Rami Be’er y los excelentes profesionales que le acompañan. Rami también procede de una familia superviviente del holocausto y, de una manera u otra, eso impregna cierto activismo social o crítica en sus obras, pero siempre desde una estética desbordante; el uso de la luz y la música es algo mágico y único. A esto hay que sumar la extraordinaria calidad de sus bailarines. Excelentes siempre. El elenco es esencial, con un trabajo en grupo extraordinario, muy físico y técnico. Por otro lado, la mayoría de los bailarines vivimos dentro del kibutz, lo que genera un ambiente familiar e infinitamente humano. Realmente siento que allí tengo mi hogar y ese sentimiento, compartido por todos los bailarines de la compañía, repercute directamente en el compromiso y, por tanto, la calidad de las obras.


2 – Qué supone para tu formación pedagógica como profesora de danza que seas instructor, tutora y maestra en los summer intensive de KCDC y en el programa internacional “Masa’’?

Cuando enseño procuro nunca perder de vista que yo también tengo la oportunidad de aprender. En cada clase hay algo aprovechable, algo nuevo que recibes de tus propios alumnos, pero no sólo en el “Masa Programme”, sino en todas partes. Puedo aprender sobre mí misma a través de la observación de los estudiantes. Es un proceso muy enriquecedor que nunca acaba. Si bien es cierto que Masa concentra alumnos de todas partes del mundo, con altas dosis de motivación y una ambición sana por convertirse en profesionales. Muchos prácticamente ya lo son y eso facilita la tarea del instructor. Además, cuando voy al kibutz vuelvo a mí origen y eso siempre me conecta con la raíz y estimula mi inspiración. Crear me resulta más sencillo y quizás esa energía también sea un plus adicional en la formación que imparto, pero eso deberían juzgarlo mejor mis alumnos allí.


3 – ¿Desempeñaste la función de coreógrafa participando o aportando en  alguna creación en KCDC?

Sí. Primero porque el modelo de Rami Be’er lleva a los bailarines a participar de la creación. Rami tienen un método muy especial e inteligente y dirige a cada bailarín hacia una búsqueda propia.  Él requiere para sus obras esa actitud creativa de los bailarines y conjuga el material resultante dentro del “todo” que es la pieza. El bailarin no es sólo un agente que reproduce movimientos, sino un creador al que Rami confiere mayor o menor libertad, según su criterio. Y, por otro lado, en la Gallille Dance Villace se nos empuja a los bailarines de la primera compañía del Kibutz a ser también creadores. No todos lo hacen, pero yo siempre tuve esa inquietud. Te estimulan a través de diferentes acciones y programas. En mi caso, creé tres piezas que fueron interpretadas en escenarios como el Suzan Dellal de Tel Aviv, y una de ellas fue adquirida también por una compañía rusa de St. Petesbourg.

4 – ¿Por qué es necesario en la formación de un bailarín conocer  distintas técnicas y métodos de forma práctica?

Los bailarines más profesionales son aquellos capaces de adaptarse a materiales de coreógrafos diferentes, haciendo que parezca siempre algo natural, no forzado. Esa habilidad creo que se adquiere a base de exposición, curiosidad y trabajo. Cuánto más conocimiento tienes, más completa es tu competencia profesional.

Además, este trabajo es inacabable porque lo desarrollamos con un organismo dinámico; nuestro cuerpo. No es lo mismo una edad que otra, y no gozamos siempre del mismo estado físico o mental. Cuantas más herramientas técnicas acumules, mejor vas a poder defender el trabajo en cada periodo vital y circunstancia. Por otro lado, los grados de madurez influyen en la capacidad que tenemos para aprehender nuevos conocimientos y esto se van alcanzando a base de estímulos nuevos. El bagaje profesional es una suma de tiempo y asunción de riesgos a la hora de exponernos a los retos que las novedades siempre arrastran consigo.


5 – En KCDC la formación física es muy importante, recomiendas que la  realice un bailarín por su cuenta en este aspecto fuera de las clases  de técnica?.

Por supuesto, pero de forma racional y planificada. Hay que hacer una valoración inicial de las condiciones de cada individuo y sopesar en qué necesita mejorar o qué clase de actividad puede ser un buen complemento a su formación. Dependerá de su complexión, musculatura, flexibilidad, fondo físico, etc. En el Kibutz, por ejemplo, no todos teníamos el mismo “extra” y mientras algunos bailarines acudían al gimnasio para ganar masa corporal a otros se nos adhería a programas de pilates suelo y máquina. En mi caso, mantengo esta actividad complementaria desde entonces. Hay que llevar al cuerpo a su máximo potencial, pero respetando los períodos de descanso.

 

6 – ¿Es importante desarrollar tanto las facultades corporales como  las mentales para un bailarín?

El aspecto anímico es fundamental en todos los ordenes de la vida y para el bailarín no iba a ser menos. Hemos de tener en cuenta que los trabajos que finalizan en “exhibición” suelen arrastrar un componente estresante, por la responsabilidad que confiere la defensa de meses de trabajo en “tan solo unos minutos” y por el sometimiento al juicio de terceros. Es cierto que, a la vez, tiene un componente adrenalínico y adictivo para la mayoría, y la correcta gestión emocional es fundamental para encarar aspectos como el descrito. Además, hay que saber gestionar nuestras emociones interpretando los diferentes momentos de la temporada. Así se puede hacer frente al cansancio, los dolores, las lesiones, etc. sin caer en el desánimo o la frustración.


7 –  Rami Be’er, coreógrafo de KCDC,  hace uso de todo el cuerpo de  los bailarines en lugar de pasos o movimientos aislados , no todo es  sólo técnica. Utiliza múltiples y variados estilos, ritmos, intensidades y autores musicales por lo que también es necesario saber  adaptarse para interpretarlos a todos. Emplea mucho la composición coreográfica con la iluminación. ¿Cómo se aprende o se enseña a  interpretar tanto lo que solicita el coreógrafo como el poder  expresar un bailarín, sus emociones, sus reflexiones, sus  intenciones,….?

Interpretar bien a un coreógrafo, para poder transmitir todo lo que desea, es una suma de factores. Por un lado, está la habilidad del propio coreógrafo a la hora de trasladar su material. En el caso de Rami Be´er utiliza multitud de lenguajes para trasladar sus mensajes, pero siempre concediendo libertad a los bailarines en la interpretación de los mismos. Rami tiene un talento extraordinario en el uso de la luz y, efectivamente, una gran capacidad musical (él mismo toca el chelo), y estas, por ejemplo, son vias de comunicación muy efectivas con los bailarines en un determinado momento.

Por otro lado, está la propia capacidad del bailarín para abstraer la sustancia de las explicaciones. Desde luego el trabajo es siempre una vía sólida para alcanzar resultados y, en este sentido, no lo es menos. Cuánto más tiempo dedicas al ensayo, más consciente eres de todo lo que ocurre a tu alrededor en una obra, y más fácil vas a poder interpretar qué busca de ti el corógrafo dentro de ese “todo”. Otro factor clave es el tiempo. Cuánto más tiempo pasas trabajando con alguien, mejor conoces su sensibilidad y sus inquietudes, y eso hará que te resulte más fácil adelantarte a sus pensamientos.


8 – En los summer intensive de KCDC se suele utilizar la danza  clásica para el calentamiento, qué importancia tiene para un bailarín  la formación en clásico?

Mucha. El ballet representa una base fundamental en la danza contemporánea. Tan solo basta con recordar que nuestra disciplina nació de la ruptura de las líneas clásicas. Eso sí, sólo se pueden transgredir con efectividad los límites si los conocemos bien y, para eso, no existen atajos mágicos. En mi opinión todos los alumnos de contemporáneo deberían tener una formación mínima en clásico. El ballet servirá siempre como una herramienta básica (líneas, técnica, lenguaje, cuerpo, espacio…) para desarrollar nuestro propio lenguaje. Además, el cuerpo de un bailarín es similar a un instrumento musical; no sacas sus mejores notas si no está afinado y, en esa puesta a punto, el ballet es muy importante. En el Kibutz se utiliza el ballet directamente y, en otras compañías, a lo mejor no se ve tan claro, pero está muy presente. Incluso en Batsheva, o bajo la metodología del GAGA. A lo mejor no lo parece a simple vista, pero muchas de sus aproximaciones parten de la base clásica y, por otro lado, todos los bailarines proceden de escuelas donde han adquirido esos conocimientos y los tienen muy interiorizados.

9 – Tanto en KCDC como en otras compañías innovadoras utilizan   poderosas estructuras de composición grupal cómo se enseña a trabajar  en equipo?

Es una cuestión de escucha. Como coreógrafa incido mucho en este aspecto con mis bailarines. La escucha, la empatía, la generosidad, la sensibilidad hacia el compañero, son fundamentales. El impacto de un grupo unido es arrollador. No hay nada que genere la misma fuerza. Ojo, unido no significa igual; las diferencias suman y completan, pero la harmonía solo resulta de la unión.  Compartir información es fundamental; empezando por la coreógrafa o el coreógrafo. Siempre les digo a mis alumnos “escucha al grupo”. Contribuye a su energía y aprovéchate de ella. Es un sistema solidario que te sostendrá cuando lo necesites. Además, durante la función siempre pasan cosas nuevas, nunca hay dos iguales, y un grupo entrenado, que trabaja como tal, siempre resolverá con mayor certeza los aspectos inherentes a nuestra actividad que son impredecibles.


10 – En tu workshop ofreces que el alumnado encuentre  su propio  lenguaje corporal y  su movimiento natural, dotarle de herramientas  para comprender el movimiento, cómo explorar e investigar,.. qué  importancia tiene este apartado para un bailarín?

Toda. Los bailarines no son meras “máquinas” de ejecución. En términos de eficiencia sería un absurdo de pérdida de potencial. El bailarín debe ser consciente de su propia identidad artística para contribuir a la coreografía desde ella. Esa consciencia la irá adquiriendo a base de auto reconocimiento y exploración. Debe estudiar la conexión entre su cuerpo y mente, y cómo asimila el material que se le ofrece. Puede haber bailarines que técnicamente claven un material coreográfico, pero lo sublime suele asociarse a los destellos de alma. Es la distancia entre “perfecto” y, además, “especial”.

En este aspecto, para mí es muy importante llevar a cada bailarín a su “máximo”, y aprovechar así todo su potencial.  Los bailarines que son capaces de reproducir un material ajeno, sumando su identidad, valor artístico y voz propia, hacen que la coreografía crezca de manera natural y, para mí, son, sin duda, los mejores profesionales.


11 – Teniendo en cuenta el nivel del alumnado, la estructura de tus  clases suele ser: “Una primera parte de calentamiento y contacto con  nuestro centro de gravedad, una segunda parte basada en técnicas de  ballet donde explorar límites, control de equilibrios y búsqueda del  control cinético y una tercera parte en la que aplicar las  herramientas adquiridas con combinaciones coreográficas al servicio de  la intensidad y la emoción
Se trabajarán técnicas básicas de suelo,  equilibrio, energía, movimiento e improvisación, pilares de un sistema  de aprendizaje y desarrollo individual”. ¿Vas a aplicarla en el  workshop de Santiago?.

Sí. Es un método que tengo muy contrastado y creo que adecuado para el tiempo que tenemos en Santiago. Me gusta especialmente que está diseñado para que todos los alumnos puedan sacar provecho de la experiencia, con independencia de la variabilidad de niveles o años de formación de cada uno. Las herramientas son adaptables para que cada bailarín las oriente hacia su aprovechamiento máximo. Todos vamos a poder conectarnos a la metodología y explorar nuestros límites. Por su puesto, un nivel alto de disfrute tiene que existir. La intensidad y la exigencia deben ir parejas a nuestro grado de satisfacción. Digamos que “estoy muerta… pero feliz” es una frase recurrente, que no me canso de escuchar. Espero que en Santiago todos disfrutemos mucho. Tengo muchas ganas.

 

Muchas gracias Dana espero que tu visita a Santiago y el workshop en Escuela BSDANZA sean fructíferos.